Comienzo este blog, con un cuento que escribí hace muchos años y que define bastante mi vida; una narración escrita «del tirón», casi sin revisar, improvisada y arrancada directamente del corazón.

Alzó las manos, para rozar con sus dedos las estrellas, que parecían fundirse unas con otras; el fantasma de su mente volvió a preguntarle porque se había adentrado en la tierra muerta, a su alrededor solo arena, millones de dunas lo rodeaban, el recuerdo de su pasado le insuflaba el valor necesario para estar y permanecer donde estaba.

Nació en una ciudad cualquiera, había sido un hombre cualquiera, pero moriría siendo un hijo del viento, un Imohags, y lo haría no por voluntad propia sino obligado por las estrellas que un día logró alcanzar y se le deslizaron entre los dedos como arena del desierto, dejando unas manos vacías y agrietadas.

De pronto, una libélula; suave y silenciosamente se posó sobre sus piernas cruzadas, clavando sus ojos inquisitivos en los del tuareg.

  • ¿No me temes? con un solo movimiento podría aplastarte contras mis piernas, arrancar tus frágiles alas de cristal y jamás podrías volver a volar, o sencillamente tomarte y privarte de la libertad.
  • No, no te temo caminante; pero tu a mi sí. Como yo desciendes del viento, avanzas en la vida con el orgullo del Ser libre, pero me temes más que a la sed o la tormenta de arena.
  • (Risas) Soy un Imohag, un Tuareg; mi raza, mis antepasados vagan y dominan este desierto desde el principio de los tiempos, no tememos a nadie, ni a nada y menos a una frágil y pequeña libélula que no tiene más defensa que sus alas para escapar.
  • ¿Porqué entonces has ocultado tu rostro ante mi?¿Quién de los dos es más fuerte?¿Tu que te ocultas para esconder tu sonrisa y tus lágrimas, para ocultar los gestos de un rostro que temes compartir? ¿Tú que usas el negro de tus ropajes para acrecentar tu figura diluyendo entre sus pliegues tus emociones?¿O yo, que vuelo libre por el desierto con dos alas de agua sin temor a posarme en las piernas del rey del desierto?… tu soledad es como la mía, lloramos las mismas lágrimas, la noche es igual de larga y fría para ambos. Los dos ansiamos coger las estrellas y posarnos en ellas. Pero tú, ocultas la dureza del amor indestructible, de la fuerza interior.

El Tuareg apartó el manto de su rostro y dirigió su mirada siguiendo el Vuelo de la Libélula.

Realmente esa era la auténtica libertad, dos lágrimas recorrieron su rostro. Quedó sólo, con el crepitar de las llamas y el viento azotando las palmeras, la noche pasó y al amanecer una libélula de infinitos colores recorrió el oasis, y atrás quedaron cubiertas de arena unas negras telas, túnicas y velos; enterradas como viejas corazas de antiguas batallas.

El Vuelo de la Libélula es un misterio aún para la ciencia; realizan giros de noventa, ciento ochenta e incluso doscientos setenta grados; capaces de volar cabeza abajo o quedar como suspendidas en el aire sin aparentemente moverse.

Un vuelo impredecible que necesita para vivir, para alimentarse, para ser libres. Y lo consiguen, no sólo batiendo cada ala con distinta frecuencia e intensidad; sino también con diferentes ángulos, eso les permite tener una de las mayores capacidad de maniobra de todo el reino animal.

Aparte de que entender la bio-física del vuelo de la libélula tiene una gran importancia para entender su historia evolutiva y neurofisiología o para aplicar esos conocimientos para la ingeniería de aviones, helicópteros y drones; aplicar en nuestras vidas, como si de una parábola o metáfora se tratara la técnica de este vuelo, nos permitirá desarrollarnos con una libertad inapreciable (como cuando permanece aparentemente quieta); nos permitirá desarrollar una capacidad de observación diferente y sobre todo… nos permite elevarnos de nuestra realidad para verla con la perspectiva necesaria para saber donde estamos y donde tenemos que ir.

El Vuelo de la Libélula