Rafael Sanmartín aborda con este nuevo libro la realidad de la formación de Europa a golpe de intereses económicos, ya sea de forma directa o a través de batallas donde ganaba el ejercito mas poderoso, la historia se repitió y se repite con la formación de la Unión Europea donde lo que menos cuenta son las personas.

Rafael Sanmartín

Dice el autor: “El futuro no es “lo que viene”, es lo que hacemos.
La actualidad, el mundo actual, lo hemos trabajado a pulso. Con o sin acierto, esa es la cuestión. Europa se ha formado a la medida, no de sus pueblos, no de los seres humanos que la habitan –eso pretendían los precursores-, sino de las entidades económicas que la dominan, para quienes el único interés de la unión –o no- del Continente, es el beneficio.

Los estados europeos se han formado de forma artificial, salvo contadas excepciones, porque se han hecho a voluntad de grupos conquistadores dotados de mejor táctica militar ó armamento. Sólo en casos muy contados han sido construidos por voluntad de sus habitantes, quienes nunca han tenido más capacidad de decisión que la muy limitada, limitadísima, de servir en la mesnada de uno ú otro señor. Ha sido la voluntad de la nobleza y de los reyes, unas veces por conquista otra por uniones matrimoniales, lo que ha conformado política y administrativamente el territorio. Los territorios políticos, los estados que forman parte del continente.

Esto ya por sí sólo, marca. Pero la consecuencia principal es que los territorios de dónde ha partido la conquista, los conquistadores, han modelado la economía a su medida. Y han adaptado, o incluso adoptado, modificándola, la cultura de los conquistados.

El caso específico del Estado español se está repitiendo en este momento por la Unión Europea, empeñada en mantener unas regiones dependientes, desindustrializadas, limitadas a ser reserva de materia prima, mano de obra y clientela forzada de los grandes grupos empresariales asentados en los estados ricos. El autor cita un amplio abanico de ejemplos que han sido segados en Andalucía por la acción del gobierno: grandes y pequeñas industrias, comercio, minería, comunicaciones, todo ha sido cercenado para favorecer el crecimiento de ese mismo sector y de otros, en otros lugares, para agrandar progresivamente la diferencia entre las comunidades más desarrolladas y las más depauperadas.

Un panorama que sigue en plena efervescencia, sin intención de ser remediada.

Europa se está intentando formar de arriba a abajo. Justo lo
contrario que buscaban los precursores, cuando, después de la I Gran
Guerra dedujeron que los enfrentamientos sólo terminarían con la unidad
europea. Pero ellos buscaban una unión de personas, hecha de abajo a
arriba. Y se ha hecho al revés. Se ha pretendido el mismo fin: acabar
con los enfrentamientos. Pero, para ello, se ha beneficiado con
preferencia la economía. Se ha facilitado a los grandes grupos
empresariales su libertad absoluta en la mayor parte del continente,
incluido el derecho de ir cerrando empresas medianas y pequeñas para
disminuir o eliminar la competencia, provocando así el aumento de las
diferencias sociales y económicas.

Al mismo tiempo se está ignorando a la gente, a los seres humanos, que cada vez encuentran menos atractivo en esta forma de alcanzar la unidad europea.

BIOGRAFÍA:

Rafael Sanmartín Ledesma, periodista, escritor y observador de la situación mundial. Ha sido redactor  o colaborador en varios medios escritos y audiovisuales –Canal Sur, El Correo de Andalucía,
Diario de Sevilla, El Norte de Castilla, Radio Andalucía, Radio Asturias, Cadena Ibérica y otros–.

De su producción literaria cabe destacar El País que nunca existió, Grandes infamias en la historia de Andalucía y De aquellos polvos, una historia pormenorizada de la llamada transición a la democracia, centrada en Andalucía.

Para el autor, la historia no son «cosas del pasado», sino hechos que han modelado y condicionado la actualidad y el futuro.

De los premios obtenidos destacan el Temas de relato corto, el del
Consejo de RTVE por la serie La Andalucía de la Transición, de Canal
Sur, en 2001 y el del público del Festival Internacional de Cine
Científico de Zaragoza en 2002.