Miguitas de pan, indagar en la historia

Pulgarcito era un niño del tamaño de un pulgar… -todos conocemos el cuento-; «…esta vez Pulgarcito arrojó las migas de pan para marcar el camino, pero los pájaros se las comieron»

Que complicado es indagar en la historia; bucear en archivos, ver documentos a los que -no se sabe por que les falta alguna hoja-, intentar formar un puzle con toda la información e ir sacando conclusiones.

En el cuento de Pulgarcito los pájaros se comen las migas de pan; en la vida real ocurre lo mismo; a veces uno se siente pequeño en el reloj de la historia y tiene la necesidad de encontrar una miga de pan que le indique que está en el camino correcto y que no se ha equivocado de rama familiar o de hecho histórico.

Pero a pesar de esas incertidumbres que a veces ocurre; siempre abres puertas que te sorprenden, hechos históricos que ni imaginabas que podrían haber ocurridos y que sin ellos por un motivo o por otro, no estaríamos aquí y a pesar de las dificultades siempre hay una mano amiga que te envía un correo electrónico en el que te entrega, casi sin saberlo (o si), esa pieza del puzle sin la cual no podías seguir adelante.

D. Pietro Moncada Paternò, ilustre miembro de la casa de Moncada Paternò de Valsovoia, ha realizado una investigación sobre las entidades donde me pueden ofrecer información precisa sobre la familia Sammartino di Ramondetta Pardo; dato que me facilita enormemente la búsqueda de información.

… y en ese momento Pulgarcito encontró una miga de pan que le llevó a otra, y a otra y a otra… con la esperanza de poder llegar al final a su hogar o cuna de nacimiento.

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Maquiavelo… sigue vivo.

Una de esas figuras maltratadas por la historia, por los convencionalismos y por lo políticamente correcto; maltratado en su época y en esta por decir verdades aún vigentes; decía que los gobernantes tenían que ser perversos, astutos… Maquiavelo siempre fue consciente que los hombres eran los mismos, los gobernantes siempre son los mismos, cambiaban los tiempos, las épocas, las vestiduras y las costumbres; pero las intenciones siempre son las mismas.

Los sentimientos son inmutables y se puede decir inherentes, acompañando siempre al ser humano: amor, odio, ambición y envidia, los motores reales que mueven el mundo, todo lo demás son excusas, invenciones ideadas según las épocas, las experiencias vividas y las circunstancias.

Cuando Truman por motivos de estado ordenó tirar las bombas atómicas, nadie lo acusó de asesinato, se justificó en que protegía a su estado; unos pierden y otros ganan. Todo depende donde te sitúes, que hagas y con quién lo hagas y que buena excusa pongas para justificar tus actos.

Maquiavelo vio en Cesar Borgia al buen gobernante: ambicioso, egoísta, tenaz y siempre dispuesto a la conjura… ¿Ha cambiado algo? me consta que no. La política no, los políticos siguen siendo los mismos, un mundo aparte, entronizado por la creencia de los que sustentan el poder y en la mayoría de las ocasiones dando la espalda al pueblo, a los ciudadanos; llevados por raciocinios basados en «razones de estado»… sacrificando su palabra por lo que más le interesa en ese momento, mintiendo y espero que mintiéndose a ellos mismos; autoconvenciendose de que actúan por el bien de los que gobiernan y/o representan. ¿O no? quizás no se mientan y saben muy bien cada paso, cada renuncia ideológica, cada palabra prometida y pisoteada, cada compromiso dado y no mantenido.

En realidad, da lo mismo… conscientes o no: mienten, manipulan y juegan a los dados con el destino de los ciudadanos, creyéndose protegidos por un estatus falso e incluso llegan a enfadarse cuando se les recrimina lo que ellos mismos dijeron en otros tiempos.

Maquiavelo vive, no murió en 1527 con 58 años, sino que sigue viviendo en las miradas y en los actos de los que esgrimen la «razón de estado» para justificar sus actos… Maquiavelo era terrible… porque decía la pura verdad, cruel… pero autentica, con una interpretación cruda del Ser Humano; da lo mismo el siglo: siempre seremos los mismos y nos moverá los mismos impulsos.

Sólo queda unirse al juego, mover ficha o ser una caligae…

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¿Soy noble?

O mejor expresado ¿provengo de una familia de la nobleza? no lo sé, existe un 95% de posibilidades de que así sea. A mediados del siglo XVIII Francesco Sammartino, heredero del ducado de Sammartino y principado del Pardo, salía de Catania de forma precipitada debido a un «pequeño» accidente que nacería ocho meses después con la esposa de otro noble de la localidad; unas semanas después llegaba al puerto de Sevilla un barco que procedía de la isla de Sicilia, con una persona que compró una casa frente a la actual Iglesia de San Juan de la Palma, donde fueron bautizados sus descendientes hasta 1934.

Podría ser extremadamente fácil establecer una linea de continuidad entre D. Francesco Sammartino y yo como único y último heredero de esa rama de la familia, pero con lo divertido que son los problemas… ¿para que facilitar las cosas? la Iglesia de San Juan de la Palma pertenece a la parroquia de San Pedro que durante la guerra civil de 1936 fue asaltada y parte de sus archivos quemados, estando entre los documentos que desaparecieron algunas partidas de bautismo de mis antepasados, así como lugar de enterramiento y otros datos muy interesantes.

Faltando ese nexo, las investigaciones se complican y exigen investigar en los archivos tanto en Italia como en España, contactar con asociaciones de nobles y realizar un trabajo tan interesante como atractivo que ha ampliado notablemente mis conocimientos de historia y que están dilatando las investigaciones debido a mi curiosidad y necesidad de aprendizaje; así que es posible que provenga de esa noble familia o es posible que no, pero está mereciendo la pena investigar e introducirme en facetas de la historia que desconocía y que iré exponiendo en este blog.

Dejar claro que mi sangre es roja (azucarada, por la diabetes) no azul y que desde mis principios ideológicos una persona no es mas ni menos que otra y aún menos por cuestiones de nacimiento; pero si es verdad, que conocer los propios orígenes amplía el conocimiento de uno mismo y de su familia.

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